la memoria
a la que nunca
faltas;
bendita cita
de cada mañana,
cada tarde,
y cada noche.
Por ejemplo,
a las ocho
tomo el café
quizás de tus ojos;
a la dos leo
entre las comillas
de tu boca;
y después
de las diez, amor,
te recorro un poco
en las esquinas
de mi alma.
Qué bonita
la memoria
a la que nunca
faltas;
bendita puntualidad
si llegas aunque no
te espere, aunque
en el fondo te espero.
Sí algún día llegas a la cita
y ese lugar mío tan nuestro
ha cambiado, si la memoria
me falla, jamás lo dudes,
mi corazón te recordará.
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