¿De qué estaremos hechos?
¿De las cosas que hicimos
o las que dejamos de hacer?
¿De las decisiones correctas
o las que fueron incorrectas?
O quizá de nuestras intenciones,
aunque hoy poco importen
¿Estaremos hechos
de los riesgos que tomamos
o la seguridad que sentimos
al ser conservadores?
Unos y otros; buenos, malos
y no tan malos
en el fondo debemos saber que
la felicidad es interior,
no exterior;
y por lo tanto, no depende
de lo que tenemos
sino de lo que somos.
8 de febrero de 2017
4 de marzo de 2016
Una y treinta y cuatro para poder
Si pudiera dormir
soñaría contigo
Si pudiera soñar
me escribiría sobre ti
Si pudiera respirar
sólo sería tu aire
Y si pudiera luchar
sería hasta el fin
—¿Podría sólo vivir a tu lado
sin preocuparme algún día
de morir justo aquí?—
Si pudiera mirar
cerraría los ojos
para verme esta vida
envejecer junto a ti.
Cotidiano amigo II
Un viejo amigo
me decía:
Cuando el curioso
tiene la osadía de
mirarse con los ojos
que no le pertenecen,
el corazón tiene
un alto precio que pagar;
porque hasta las miradas
más hermosas se encuentran
llenas de las dudas
más letales.
—No se preocupe usted por eso, seis vidas más tengo yo para pagarle— contesté yo.
me decía:
Cuando el curioso
tiene la osadía de
mirarse con los ojos
que no le pertenecen,
el corazón tiene
un alto precio que pagar;
porque hasta las miradas
más hermosas se encuentran
llenas de las dudas
más letales.
—No se preocupe usted por eso, seis vidas más tengo yo para pagarle— contesté yo.
10 de febrero de 2016
Francamente
Francamente mi desorden me gusta,
aunque en el tantas cosas pueda perder,
como por ejemplo los estribos,
y aunque tú lo detestes, a mí me gusta.
Cosas por aquí, otras por allá,
reproches van y vienen, vienen y van
Cosas por aquí, otras por allá,
reproches van y vienen, vienen y van
y francamente es bueno saber
que estás tú para ayudarme.
Francamente he de reconocer
que crecí enamorándome
de mi afección
pero ahora también sucumbí
ante los encantos de la cura.
Puede sonar a utopía,
pero no lo ha sido, y ahora, francamente
mi desorden no puede estar completo sin ti,
que eres mi orden.
Francamente he de reconocer
que crecí enamorándome
de mi afección
pero ahora también sucumbí
ante los encantos de la cura.
Puede sonar a utopía,
pero no lo ha sido, y ahora, francamente
mi desorden no puede estar completo sin ti,
que eres mi orden.
5 de junio de 2015
Mensaje inconcluso
No le cambiaría
ni las ojeras,
ni las ojeras,
robar su sueño
es lo mío.
es lo mío.
Ni las ojeras,
ni el cabello,
ni el cabello,
ni su mano
que va de la mía.
que va de la mía.
No le cambiaría
ni sus días,
ni sus días,
ni su orden,
ni su vida con la mía.
ni su vida con la mía.
Ni los diez minutos más
después de despertar
incluso, ni el llegaré tarde
por tu culpa.
No la cambiaría
por nadie en este mundo
ni por nada fuera de él.
Razones me faltan
para hacerlo
y me sobran
para amarla
por lo que es.
Antes que el ayer te cambie,
cambia tu mañana.
después de despertar
incluso, ni el llegaré tarde
por tu culpa.
No la cambiaría
por nadie en este mundo
ni por nada fuera de él.
Razones me faltan
para hacerlo
y me sobran
para amarla
por lo que es.
Antes que el ayer te cambie,
cambia tu mañana.
9 de mayo de 2014
Cotidiano amigo I
Un viejo amigo me decía:
Qué injusto es lastimar lo justo,
vaya justicia resultó ser la injusticia.
Es posible, sí, que a veces y sólo
a besos la situación nos remedie
y ─no es que muera de amor─
como dijo Sabines cuando fraguó
la razón de su brillante muerte.
─Ahora que no me llame,
porque bien podría
acudir corriendo.─
Contesté yo.
25 de abril de 2014
Digamos
Digamos,
pero sin usarnos
de sospechas asaltadas;
entonces digámonos
como nuestra
consecuencia bendita,
como lo que sucedimos
cuando aparentemente
nada sucedía:
que nos vamos a decir
como bienquiere el hacedor
y sin palabras.
Digámonos te quiero
en la corteza
de un viejo árbol
digamos, sí,
desde el no sentido común
lo sensato que es querernos
con nuestro más loco tacto,
por si algún día nos llegara
el momento de odiarnos
con todo nuestro amor.
Entonces ven
y vamos a decirnos
tal cual como somos,
ah, pero
sin impartir justicias
de culpables e inocentes;
sugiriéndonos
de nunca y siempre
e ignorando, claro,
cual sea su infinitud;
digamos entonces
de rostro a rostro
y mirándonos los ojos:
digámonos.
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