Ya es difícil
para un hombre
ver morir
un sueño,
como para
también
presenciar
la muerte
de su fe.
26 de junio de 2017
25 de junio de 2017
Pensando en voz alta
En veinticinco años de vida he aprendido muchas cosas, pero he de reconocer que no son ni la mitad de aquellas que me faltan por aprender; he tomado oportunidades, tiempo y decisiones como tomar tequila (aunque muchas bien meditadas). He tenido buenos y malos días, he escrito con amor y con nostalgia, he hecho y dejado de hacer. Entre tantas cosas que he vivido, al final del día espero haber hecho siempre lo correcto, aunque sé que no siempre fue así a la primera; y es que por más que uno se diga que hizo lo que era correcto, si tu corazón no lo siente, para qué insistir. Si me voy a meter en problemas que sea escuchando al corazón, que para la ciencia ya existe la mente.
19 de junio de 2017
A uno como hombre
Es que a uno
como hombre
de pronto
lo asecha
la vida
en la piel
de una mujer.
Y da tranquilidad,
además, saberlo;
en mi papel
de presa,
no pondré
resistencia
alguna
a tu lecho;
puedes venir
y atacar
las veces
que quieras,
de la vida
que me das
sé que no
moriré.
como hombre
de pronto
lo asecha
la vida
en la piel
de una mujer.
Y da tranquilidad,
además, saberlo;
en mi papel
de presa,
no pondré
resistencia
alguna
a tu lecho;
puedes venir
y atacar
las veces
que quieras,
de la vida
que me das
sé que no
moriré.
18 de junio de 2017
17 de junio de 2017
Simple y sencillo
Lo que yo quiero
ambos lo sabemos,
pero no te tiendo
la mano con la
intención de
secuestrarte,
lo hago simple
y sencillamente
porque te amo.
ambos lo sabemos,
pero no te tiendo
la mano con la
intención de
secuestrarte,
lo hago simple
y sencillamente
porque te amo.
Una percepción muy mía
En una percepción
muy mía, me gusta
que tu piel encierre
los milagros naturales
del paisaje a campo abierto;
me gusta cuando, por ejemplo,
las estaciones del tiempo
marcan con fervor tu cuerpo;
los veranos en tu sonrisa,
cálida y despejada;
el otoño en tus manos,
como árbol convertido en libro;
el invierno en tus pies,
congelados cada noche en cama;
o la primavera en tus ojos,
esos que nacen con cada mañana.
A veces también contemplo
las nubosidades de tus pensamientos,
y qué pesar cuando traen la lluvia
que desciende por tus mejillas,
pero me gusta cuando la justicia
sale con el sol que da luz a tu ventana.
Los eclipses los conocí con tu cuerpo,
trasnochando el tiempo de cada velada;
ir contigo era un viaje que el mundo
emprendía hacia mí y viceversa.
Cuántas ciudades habré conocido
del beso en tu frente a la caminata
de mis dedos bajando tu espalda;
pero mi ciudad favorita son tus labios,
cuando se vestían de rojo en pleno
atardecer nada se les comparaba.
Al final, se trata sólo de
una percepción muy mía,
qué paisaje parece tu cuerpo
y qué bonito que estés en mis días.
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